Del Diario de Santa
Faustina, 911
En cierto momento,
la presencia de Dios penetró mi ser, mi mente fue singularmente iluminada en
cuanto al conocimiento de su Esencia; [Dios] me permitió acercarme al
conocimiento de su vida interior. Vi en espíritu las Tres Personas Divinas,
pero su Esencia es única. Él es Solo, Uno, Único, pero en Tres Personas, cada
una de las cuales no es ni más pequeña ni más grande; no hay diferencia ni en
la belleza, ni en la santidad, porque son Uno. Uno, absolutamente Uno. Su Amor
me ha llevado a este conocimiento y me ha unido a Él. Cuando estaba unida con
una [Persona Divina], estaba unida también con la segunda y con la tercera. Así
pues, cuando nos unimos con una, por eso mismo nos unimos con otras dos
Personas al igual que con una. Una es la voluntad, uno Dios, aunque en las
Personas Trinitario. Cuando al alma se entrega a una de las Tres Personas,
entonces, con el poder de esa voluntad se encuentra unida a las Tres Personas y
está inundada de la felicidad que fluye de la Santísima Trinidad; de esta
felicidad se alimentan los santos. La felicidad que brota de la Santísima
Trinidad, hace feliz a todo lo creado; brota la vida que vivifica y anima cada
ser que de Él tiene principio. En aquellos momentos mi alma probó las delicias
divinas tan grandes, que me es difícil expresarlas.
