Del Diario de Santa Faustina, 1572
Te recuerdo, hija
Mía, que cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en
Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el
mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento
se abrió de par en par para cada (145) alma. En esa hora puedes obtener todo lo
que pides para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el
mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia. Hija Mía, en esa hora
procura rezar el Via Crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no
puedes rezar el Via Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora
en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia. Y si no
puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea
por un brevísimo instante. Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura,
pero primero de ti, ya que a ti te he dado a conocer este misterio de modo más profundo.