ORACIONES

ORACIONES A LA DIVINA MISERICORDIA
 
 






 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
QUINCE MINUTOS CON JESÚS MISERICORDIOSO
 
Jesús Misericordioso ayúdame a orar más, y especialmente cuando me siento afligido y angustiado, porque es en esos momentos cuando tengo la tentación de abandonar la oración o, al menos, de rezar menos, siendo que Tú, cuando estabas sufriendo la agonía en el Huerto de los Olivos, orabas más intensamente cuanto más sufrías.
Jesús, ten compasión de mí, que el demonio es muy astuto y me quiere llevar por el camino de la perdición eterna.
Sólo Tú puedes vencerlo, porque eres Dios.
Por eso te ruego encarecidamente que me protejas del enemigo infernal, y para ello prometo venerar tu Imagen, ya que Tú mismo has prometido que quien la venere obtendrá la victoria sobre todos sus enemigos ya aquí en la tierra.
Jesús, Rey de Misericordia, ayúdame a entender que a veces no tengo que rezar con los labios y con oraciones hechas, sino con mis palabras y con el corazón, y especialmente rezar así en los momentos de congoja, para pedirte auxilio y recostar mi frente cansada sobre tu pecho amorosísimo.
¡Te amo, Jesús Misericordiosísimo, y confío para siempre en Ti!
 
 
 
ORACIÓN DE SANTA FAUSTINA
 
Expiraste Jesús, pero la Fuente de Vida brotó para las almas, y el mar de Misericordia se derramó sobre el mundo entero.
Oh Fuente de Vida, insondable Misericordia Divina, abarca el mundo entero y derrámate sobre nosotros.
Oh Sangre y Agua, que brotaste del Corazón de Jesús como fuente de Misericordia para nosotros, en Vos confío.
 
 
 
HORA DE LA DIVINA MISERICORDIA:
LAS TRES DE LA TARDE
 
La oración de las tres dictada por Jesús a Santa Faustina Kowalska es la siguiente:
 Expiraste, Jesús, pero Tu muerte hizo brotar un manantial de vida para las almas y el océano de Tu misericordia inundó todo el mundo.
Oh, Fuente de Vida, insondable misericordia divina, anega el mundo entero derramando sobre nosotros hasta
Tu última gota. Oh, Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, manantial de misericordia para nosotros, en Ti confío.
 
El Señor le dijo a Santa Faustina Kowalska lo siguiente: "Suplica a mi Divina Misericordia, pues es la hora en que mi alma estuvo solitaria en su agonía, a esa hora todo lo que me pidas se te concederá, (es la hora en que Jesús derrama sus gracias especiales sobre toda la humanidad, aunque sea por un brevísimo instante sumérgete en oración de preferencia, ora La Coronilla y Dios te llenará de múltiples bendiciones), yo protegeré a todas las casas, ciudades y naciones donde veneren mi imagen." "A todo aquel que rece La Coronilla diariamente, le haré triunfador en esta vida y también en la otra, y a la hora de su muerte yo vendré a acompañarle a bien morir en su último suspiro." "Protegeré como una madre lo hace con su hijo a todo aquel que durante su vida me venere, y nada de lo que me pidan a las tres en punto de la tarde les será negado. A los sacerdotes que proclamen y ensalcen mi imagen y la difundan y hagan conocer La Coronilla, les otorgaré un poder extraordinario y ungiré sus palabras, y tocaré los corazones de aquellos con quienes hablen de Mí." "Hablen de Mí todos aquellos que me conocen y difundan la enseñanza de La Coronilla. Pido nuevamente que lo hagan a las tres de la tarde, a esa hora derramaré sobre toda la humanidad que ore, un sin número de gracias, cubriré con el agua de mi costado y con la sangre de mi corazón a todo aquel que a Mi se acerque." El rayo blanco es el agua de Su costado, y el rayo rojo es Su sangre derramada por los pecados del mundo. Todo el que se acerca a Él con fe y se lo pide, cambia su vida.
 
 
HIMNO PARA LA HORA DE LA MISERICORDIA.
 
En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.
 
¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?
 
¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?
 
Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.
 
Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta. Amén.
 
 
 
 
ALABANZAS A LA DIVINA MISERICORDIA
 
 El Amor de Dios es la flor; La Misericordia el fruto.
Que el alma titubeante lea estas consideraciones sobre la Misericordia Divina y recobre la confianza.
Misericordia Divina, que brotas del seno del Padre, en Ti confío.
Misericordia Divina, supremo atributo de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, misterio incomprensible, en Ti confío.
Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, humano o angélico, en Ti confío.
Misericordia Divina, de donde brotan vida y felicidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, más sublime que los cielos, en Ti confío.
Misericordia Divina, manantial de milagros y maravillas, en Ti confío.
Misericordia Divina, abrazando todo el universo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que bajas a la tierra en la Persona del Verbo Encamado, en Ti confío.
Misericordia Divina, que manaste de la herida abierta en el Corazón de Jesús, en Ti confío.
Misericordia Divina, enclaustrada en el Corazón por nosotros, y especialmente por los pecadores, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable en la institución de la Sagrada Hostia, en Ti confío.
Misericordia Divina, que fundaste la Santa Iglesia, en Ti confío.
Misericordia Divina, presente en el Sacramento del Santo Bautismo, en Ti confío.
Misericordia Divina, en la justificación de nosotros por Jesucristo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos acompañas a lo largo de la vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos abrazas, especialmente a la hora de la muerte, en Ti confío.
Misericordia Divina, por quien recibimos el don de la inmortalidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, siempre a nuestro lado en cada instante de nuestra vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, escudo protector de las llamas infernales, en Ti confío.
Misericordia Divina, por quien se convierte el pecador empedernido, en Ti confío.
Misericordia Divina, que dejas atónitos a los ángeles; inasequible también a los santos, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos rescatas de toda miseria, en Ti confío.
Misericordia Divina, manantial de felicidad y gozo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que de la nada nos trajiste a la existencia, en Ti confío.
Misericordia Divina, que rodeas con Tus brazos toda obra de Sus manos, en Ti confío.
Misericordia Divina, que presides toda la obra de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, en la que estamos todos sumergidos, en Ti confío.
Misericordia Divina, dulce consuelo de los corazones angustiados, en Ti confío.
Misericordia Divina, única esperanza de los desesperados, en Ti confío.
Misericordia Divina, remanso de corazones, paz en la turbulencia, en Ti confío.
Misericordia Divina, gozo y éxtasis de las almas santas, en Ti confío.
Misericordia Divina, esperanza renovada, perdida ya toda esperanza, en Ti confío.
Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu bondadosa mirada y aumenta Tu misericordia en nosotros para que en los momentos difíciles, no nos desalentemos ni nos desesperemos, sino que, con la máxima confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es Amor y Misericordia.
Oh incomprensible e infinita Misericordia Divina, ¿quién podrá adorarte como Te mereces. Eres la dulce esperanza del pecador. Uníos estrellas, mar y tierra en un sólo himno y cantad a coro, con vuestra mejor voz, la misericordia Divina, cuya comprensión no se nos alcanza. (11, 296-297).
 
 
 
 
ORACIÓN DE CONFIANZA A LA DIVINA MISERICORDIA
 
Señor: Tu, que no te repites una sola vez en el número infinito de los seres humanos que creaste en el mundo, y que, por lo tanto, me hiciste también a mi diverso de los demás, para que me gestara distintamente: Te pido hoy la capacidad de conocer ese proyecto novedoso de vida, que es mi vida, para que lo vaya realizando con la libre opción de cada momento. Haz que sea consciente de este altísimo deber que me impusiste al crearme.
Aleja de mi la tentación de refugiarme en la masa, quedarme en el molde de muchos y anularme por rutina.
Concédeme la iniciativa e imaginación para aspirar cada día a objetivos originales, a empresas inéditas.
Pero sobre todo, Señor, ayúdame a crearme a mí mismo, a forjar el estilo de mi personalidad, conforme al proyecto único e irrepetible que has concebido para mí, y en mí, desde toda la eternidad.
Señor: que conozca mi vocación en tu plan de salvación, y me anime a seguirla cueste lo que costare. Amen.
 
 
CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA A LA DIVINA MISERICORDIA
 
Oh Dios Uno y Trino, fuente inextinguible de Vida que es la Luz de los hombres, Padre Creador, Hijo Redentor, Espíritu Santo Santificador!
Nuestra familia se postra ante ti en esta hora de dificultades para implorar tu Gran Misericordia, que brota del profundo piélago de tu Amor divino, surge en el Corazón Sacratísimo de Jesús y nos llega por la mediación universal del Inmaculado Corazón de María, tu Madre.
A tu Misericordia divina deseamos consagrar hoy nuestras personas, nuestra familia y nuestra vida para que nunca dejes de mirarnos con benevolencia.
Mira, en primer lugar, el fondo de nuestro corazón contrito y humillado que reconoce sus errores e ingratitudes. Muéstrate indulgente ante la multitud de nuestras deudas y pecados personales y perdona la culpa y la pena que por ellos justamente hemos merecido.
Acoge compasivo, los dolores y peticiones de nuestra familia para que, unidos firmemente en un mismo corazón, seamos fieles a tus mandatos de Amor y nuestro hogar sea un remanso de paz y virtud, que refleje constantemente el modelo de tu Sagrada Familia de Nazaret.
Atiende benigno las peticiones que hacemos diariamente por nuestras necesidades materiales y espirituales.
Envíanos tu Espíritu de Luz y Sabiduría infinitas para que viendo los pequeños sucesos de cada día con ojos de eternidad, seamos siempre fieles a la vocación que asignaste a cada uno de nosotros en tus designios misericordiosos, de modo que se haga realidad el deseo de tu Sagrado Corazón de reinar en y a través de nuestra familia. Jesús, confiamos en ti.
Te encomendamos también mediante esta consagración a todas las autoridades de nuestro país y a los pastores de tu Iglesia para que por tu Misericordia tengan la luz y fortaleza necesarias que lleve a nuestra nación según los deseos de tu Sagrado Corazón, que son de paz y no de aflicción.
Asimismo, queremos unir en este acto, nuestra voluntad e intenciones a las que tuvo el Santo Padre el día 17 de agosto del 2002 en Polonia, al consagrar entonces el mundo a tu Divina Misericordia
Todo esto te lo pedimos por medio del Corazón Inmaculado de María, para que haga llegar nuestra oración al Corazón Misericordioso de Jesús, en el seno de tu Trinidad Beatísima.
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. Tened Misericordia de nosotros, de nuestra nación y del mundo entero Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal.
Tened Misericordia de nosotros, de nuestra nación y del mundo entero Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal. Tened Misericordia de nosotros, de nuestra nación y del mundo entero
 
 
 
ORACIÓN A JESÚS MISERICORDIOSO
 
Oh Dios, cuya Misericordia es infinita y cuyos tesoros de compasión no tienen límites.
Míranos con Tu favor y aumenta Tu Misericordia dentro de nosotros, para que en nuestras grandes ansiedades no desesperemos, sino que siempre, con gran confianza, nos conformemos con Tu Santa Voluntad, la cual es idéntica con Tu Misericordia.
Por Nuestro Señor Jesucristo, Rey de Misericordia, quien con Vos y el Espíritu Santo manifiesta Misericordia hacia nosotros por siempre. Amén.
 
 
 
 
ORACIÓN A LA DIVINA MISERICORDIA
 
Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentamos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu santa y divina voluntad, que es el Amor y la Misericordia Misma. (Diario, 950).
 
 
 
 
ORACIÓN AL A DIVINA MISERICORDIA 
 ¡Oh Dios de gran misericordia!, bondad infinita, desde el abismo de su abatimiento, toda la humanidad implora hoy Tu misericordia, Tu compasión,
¡Oh Dios!; y clama con la potente voz de la desdicha.
¡Dios de Benevolencia, no desoigas la oración de este exilio terrenal! ¡Oh Señor!, Bondad que escapa nuestra comprensión, que conoces nuestra miseria a fondo y sabes que con nuestras fuerzas no podemos elevarnos a Ti, Te lo imploramos:
Adelante con Tu gracia y continúa aumentando Tu misericordia en nosotros, para que podamos, fielmente, cumplir
Tu santa voluntad, a lo largo de nuestra vida y a la hora de la muerte.
Que la omnipotencia de tu misericordia nos escude de las flechas que arrojan los enemigos de nuestra salvación, para que con confianza, como hijos Tuyos, aguardemos la última venida (día que Tú solo sabes).
Y esperamos obtener lo que Jesús nos prometió a pesar de nuestra mezquindad. Porque Jesús es nuestra esperanza: A través de su Corazón misericordioso, como en el Reino de los Cielos.
 
 
 
ORACIÓN A LA DIVINA MISERICORDIA
 
Acudo a Tu misericordia Dios Compasivo, ya que sólo Tú eres bondad.
Aunque mi miseria es grande y mis ofensas muchas, confío en Tu misericordia porque eres el Dios de la misericordia y desde tiempo inmemorial nunca se ha oído, ni el cielo ni la tierra recuerdan, que un alma confiada en Tu misericordia, haya quedado decepcionada.
Oh Dios de piedad, sólo Tú puedes justificarme y jamás me rechazarás, cuando yo, arrepentida, me acerque a Tu Corazón misericordioso, del cual nadie ha sido rechazado jamás, aunque haya sido el pecador más grande (Diario, 1730).
[Porque tu Hijo me aseguró:] Antes el ciclo y la tierra se vuelven a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada (Diario, 1777).
Oh Jesús, Amigo del Corazón solitario, Tú eres mi puerto, Tú eres mi paz, Tú eres mi única salvación, Tú eres la serenidad en los momentos de lucha y en el mar de dudas. Tú eres el rayo brillante que ilumina el sendero de mi vida. Tú eres todo para el alma solitaria. Tú comprendes al alma, aunque ella permanezca callada. Tú conoces nuestras debilidades y como un buen médico consuelas y curas, ahorrándonos sufrimientos, como un buen experto (Diario, 247).
 
 
 
ORACIÓN POR LOS FIELES DIFUNTOS DEL COVID-19
Elevemos una oración por los fieles difuntos.
 
Dios de misericordia y amor,  ponemos en tus manos amorosas  a nuestros hermanos y hermanas  que has llamado de esta vida a tu presencia.
 En esta vida les demostraste tu gran amor,  y ahora que ya están libres de toda preocupación  concédeles pasar con seguridad las puertas de la muerte  y gozar de la luz y la paz eterna.
 Habiendo terminado su vida terrena recíbelos en el paraíso,  en donde ya no habrá tristeza ni dolor,  sino únicamente felicidad y alegría con Jesús, tu Hijo,  y con el Espíritu Santo, para siempre.  Amén.
 
 
 
Sean como criados que están esperando a que su amo regrese de un banquete de bodas, preparados y con las lámparas encendidas, listos a abrirle la puerta tan pronto como llegue y toque. Lucas 12:35-36
 
 
 
 
Dios nuestro Señor, esperamos expectantes. Aun entre la gran angustia que hay en la tierra, esperamos con añoranza la llegada de tu día, cuando ya hayan pasado los dolores de la muerte, tu reino empiece y el reinado de Jesucristo se expanda a todo el mundo con poder y gloria.
Que se realice tu promesa y se haga tu voluntad en la tierra. Que siempre haya gente que crea y ore con fe “¡Señor Dios, Ven! Ven, Señor Dios.
 Los humanos no entendemos cómo vivir. Envíanos a Cristo Jesús, Salvador, Señor, y Juez de vivos y muertos. ¡Dale termino a todo pecado y muerte!”
Te damos gracias por darnos esta fe y permitirnos orar: “Ven, Señor Jesús. ¡Sí, ven pronto, Señor Jesús!”
Te pedimos protegernos en la fe. Haz que esta fe se cumpla para la gloria de tu nombre. Amén.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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