Del Diario de Santa Faustina, 780
Oh, Dios mío, cuánto me apena la vida de quienes no creen en la Vida Eterna. ¡Cuánto ruego por ellos para que también sean envueltos por el rayo de la misericordia y merezcan el abrazo paternal de Dios!
Del Diario de Santa Faustina, 1521
« Diles a mis sacerdotes que los pecadores empedernidos se arrepentirán al escuchar sus palabras cuando hablen de mi insondable misericordia, de la compasión que siento por ellos en mi corazón. A los sacerdotes que proclamen y ensalcen mi misericordia, les daré un poder maravilloso; ungiré sus palabras y conmoveré el corazón de aquellos a quienes se dirijan»
Del Diario de Santa Faustina, 848
"Oh que enorme caudal de Gracias derramaré sobre las almas que recen esta coronilla: las entrañas de mi Misericordia se enternecen por aquellos que rezan la coronilla. Anota estas palabras, hija mía, habla al mundo de mi Misericordia. Que toda la humanidad conozca mi insondable Misericordia. Es la señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia. Cuando todavía queda tiempo, recurran al manantial de mi Misericordia; que aprovechen de la Sangre y el Agua que brotó para ellos."
Del Diario de Santa Faustina, 146
En cualquier estado en que se encuentre un alma, debe orar. Un alma pura y hermosa debe orar, o de lo contrario perderá su belleza; un alma que se esfuerza por alcanzar esta pureza debe orar, o de lo contrario nunca la alcanzará; un alma recién convertida debe orar, o de lo contrario volverá a caer; un alma pecadora, sumida en el pecado, debe orar para poder levantarse de nuevo. No hay alma que no esté obligada a orar, pues cada gracia llega al alma a través de la oración.
Del Diario de Santa Faustina, 79
Oh Maria, Madre y Señora mía. Te ofrezco mi alma y mi cuerpo, mi vida y mi muerte y todo lo que vendrá después de ella. Pongo todo en tus manos, oh mi Madre. Cubre mi alma con tu manto virginal y concédeme la gracia de la pureza de corazón, alma y cuerpo. Con tu poder defiéndeme de todo enemigo, especialmente de aquellos que esconden su malicia bajo una máscara de virtud. Oh Espléndida Azucena, Tu eres mi espejo, oh mi Madre.
Del Diario de Santa Faustina, 1074
Cuando fui a la adoración, escuché estas palabras: ... Diles, hija Mía, que soy el Amor y la Misericordia mismos. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo de tal abundancia de gracias que no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia a otras almas.