Del Diario de Sta. Faustina Kowalsk, 355
Víspera del Año
Nuevo. Recibí el permiso de no acostarme, sino de orar en la capilla. Una de
las hermanas me pidió ofrecer por ella una hora de adoración. Le contesté que
sí y rogué por ella una hora entera. Durante la oración Dios me dio a conocer
cuánto esta pequeña alma le era agradable.
La segunda hora de
la adoración la ofrecí por la conversión de los pecadores y, especialmente,
estuve compensando a Dios por las ofensas del momento actual: ¡Cuánto Dios es
ofendido!
La tercera hora la
ofrecí según la intención de mi Padre espiritual, pedí con fervor la luz para
él en un asunto particular. Por fin dieron las doce, la última hora del año;
terminé en nombre de la Santísima Trinidad y también en nombre de la Santísima
Trinidad empecé la primera hora del Año Nuevo. Pedí a cada Persona la bendición
y con gran confianza miré hacia el Año Nuevo, que seguramente no escatimaría
sufrimientos.