Diario de Santa Faustina, 522
"Oh alma sumergida en las tinieblas, no te desesperes, todavía no todo está perdido, habla con tu Dios que es el Amor y la Misericordia Misma. Alma, escucha la voz de tu padre Misericordioso."
Del Diario de Santa Faustina, 1032
Durante la Santa Misa, vi al Señor Jesús clavado en la cruz en medio de grandes tormentos. Un suave gemido salía de Su Corazón. Después de un tiempo, me dijo: Tengo sed. Tengo sed de la salvación de las almas. Ayúdame, hija Mía, a salvar almas. Une tus sufrimientos a Mi Pasión y ofrécelos al Padre celestial por los pecadores.
Del Diario de Santa Faustina, 1227
Jesús misericordiosísimo, Tu Mismo has dicho que deseas la misericordia; heme aquí que llevo a la morada de Tu muy compasivo Corazón a las almas del purgatorio, almas que Te son muy queridas, pero que deben pagar su culpa adeudada a Tu justicia. Que los torrentes de Sangre y Agua que brotaron de Tu Corazón, apaguen el fuego del purgatorio para que también allí sea glorificado el poder de Tu misericordia.
Del tremendo ardor del fuego del purgatorio Se levanta un lamento a Tu misericordia.
Y reciben consuelo, alivio y refrigerio. En el torrente de Sangre y Agua derramado.
Padre eterno, mira con misericordia a las almas que sufren en el purgatorio y que están encerradas en el muy compasivo Corazón de Jesús. Te suplico por la dolorosa Pasión de Jesús, Tu Hijo, y por toda la amargura con la cual su sacratísima alma fue inundada, muestra Tu misericordia a las almas que están bajo Tu justo escrutinio. No las mires sino a través de las heridas de Jesús, Tu amadísimo Hijo, ya que creemos que Tu bondad y Tu compasión no tienen limites
Del Diario de Santa Faustina, 367
En una ocasión, Jesús me hizo saber que cuando oro por intenciones que la gente suele confiarme, Él siempre está dispuesto a conceder sus gracias, pero las almas no siempre quieren aceptarlas: Mi Corazón rebosa de gran misericordia por las almas, y especialmente por los pobres pecadores… es por ellos que la Sangre y el Agua fluyeron de mi Corazón como de una fuente rebosante de misericordia.
Del Diario de Santa Faustina, 1032
Durante la Santa Misa, vi al Señor Jesús clavado en la cruz en medio de grandes tormentos. Un suave gemido salía de Su Corazón. Después de un tiempo, me dijo: Tengo sed. Tengo sed de la salvación de las almas. Ayúdame, hija Mía, a salvar almas. Une tus sufrimientos a Mi Pasión y ofrécelos al Padre celestial por los pecadores.
Diario de Santa Faustina, 138; 3
(…) Una de las hermanas me dijo: "Prepárese, hermana, a aceptar una pequeña cruz que le espera de parte de la Madre Superiora, ¡cuánto lo siento por usted!" Y yo en mi alma estoy contenta de eso y desde hace mucho tiempo estoy preparada para ello. Al ver mi valor, se sorprendió. (…)