Del Diario de Santa Faustina (#Diario, 309
Dios y las almas. –
Acto de ofrecimiento.
Ante el cielo y la
tierra, ante todos los coros de los ángeles, ante la Santísima Virgen María,
ante todas las Potencias Celestes declaro a Dios, Uno y Trino, que hoy en unión
con Jesucristo, Redentor de las almas, me ofrezco voluntariamente como victima
por la conversión de los pecadores y especialmente por las almas que han
perdido la esperanza en la Divina Misericordia. Este ofrecimiento consiste en
que tomo [con] la total sumisión a la voluntad de dios, todos los sufrimientos,
y los temores, y los miedos que llenan a los pecadores y en cambio les cedo
todas las consolaciones que tengo en el alma, que provienen de mi comunión con
Dios. En una palabra, les ofrezco todo: las Santas Misas, las Santas
Comuniones, las penitencias, las mortificaciones, las plegarias. No temo los
golpes, los golpes de la Justicia de Dios, porque estoy unida a Jesús. Oh Dios
mío, con esto deseo compensarte por las almas que no confían en Tu bondad.
Contra toda [la esperanza] confío en el mar de Tu misericordia. Oh Señor y Dios
mío, mi destino… mi destino para la eternidad, no pronuncio este acto de
ofrecimiento basándome en mis propias fuerzas, sino en el poder que deriva de
los méritos de Jesucristo. Este acto de ofrecimiento lo repetiré todos los días
con la siguiente plegaria que Tu Mismo me enseñaste, oh Jesús: Oh Sangre y Agua
que brotaste del Corazón de Jesús, como Fuente de Misericordia para nosotros,
en Ti confío.
